“De Mitos y Mitotes”
El papá de Mafalda está en la mejor disposición de responder a su hija de 8 años en forma clara a sus preguntas. Sin embargo esta niña de caricatura llega con un bazucazo intelectual: “Papá ¿podrías decirme por qué funciona tan mal la humanidad? El afligido padre no tiene otra opción que esconder las narices en el regazo de su esposa mientras Mafalda pregunta en voz baja a su progenitora “¿Se ha dormido?”.
Y es que Quino, ese excelente caricaturista argentino, nos plantea una pregunta tan amplia que la respuesta puede llevarnos a varios caminos. O quizás, después de recorrer todos los caminos llegaremos a la conclusión de que no hay respuesta.
Son muchos los enfoques que los seres humanos hemos venido cultivando a través de la Historia con la finalidad de responder a preguntas temerarias cono la antes mencionada. Así creamos la Religión, la Filosofía, las Ciencias Exactas, la Sociología, la Psicología... en fin. Sin embargo, en este camino de la búsqueda de la verdad hemos también encontrado conocimientos maravillosos, cautivantes, que nos hacen descubrir poco a poco las leyes que mantienen en orden este sistema que se llama universo, vida, o realidad.
Científico y escritor, Carl Sagan afirmaba que no es necesario entrar en el pensamiento mágico para maravillarnos. No necesitamos crear duendes, fantasmas, monstruos de las nieves o extraterrestres para adentrarnos en ideas fascinantes. Basta con admirar los procesos de reproducción de las células de nuestro cuerpo, sus ciclos de vida; las historias sobre la formación de las estrellas y todos aquellos elementos inertes y vivos que tuvimos nuestro origen en ellas; los descubrimientos en biotecnología, en nanotecnología.
Sólo que Carl también invoca un obstáculo a vencer: la resistencia al cuestionamiento. Es decir, mientras que un conocimiento mágico es dogmático y no acepta preguntas o la posibilidad de dudar, el conocimiento científico se basa precisamente en la duda para llegar a los procesos de comprobación y así reafirmar o descartar alguna idea existente. Tal vez por esto existe en el pensamiento mágico la palabra “creer” como la relación que guarda la persona con su conocimiento. “¿Tú crees en los ovnis?” “¿Crees en los Troles?” “¿Crees en los fantasmas?”. Exactamente como si fuese un acto de fe. No imagino a una persona preguntándonos “¿Crees en la Ley de la Gravedad?” A un médico cuestionando “¿Crees en el proceso digestivo?” O a una matemático planteándonos “¿Crees que menos 2 más 2 es igual a cero?” “¿Crees que 2 más 2 son cinco?”. Por supuesto que si nos quedan dudas podemos de inmediato buscar la manera de comprobarlo y hasta le exigiríamos a nuestro interlocutor que fuera más claro y nos dejara satisfechos con la comprobación. Y si en dicha comprobación llegáramos a demostrar que 2 más 2 no son cinco sino cuatro, nadie nos calificaría de insensibles escépticos, de herejes numéricos o de haber tirado una sentida creencia matemática de la sociedad. Simplemente desechamos la idea falsa y punto.
Por el contrario, si llegáramos a pedir pruebas o dudar de las visitas de los extraterrestres, o de la posibilidad de que las marcas en los campos de trigo de Inglaterra sean obra de bromistas humanos (tan humanos que hacen bromas justamente), no sólo sería descartado nuestro planteamiento, sino que sería descartada nuestra calidad como opinantes y más aún seríamos descartados de la charla del todo.
Así, la humanidad es capaz hoy en día de generar tanto conocimiento como obras hermosas y al mismo tiempo de situaciones tan espantosas que nos llevan a pensar en la inminente destrucción de nuestra raza. “¿Por qué funciona tan mal la humanidad?” pregunta Mafalda y ante este cuestionamiento podríamos afirmar que esto se debe a que nuestro pensamiento nos lleva a mirar la misma cosa en perspectivas diferentes, según la forma en que fuimos educados como sociedad. El científico ve en el SIDA un conjunto de manifestaciones de un virus altamente destructivo alojado en el cuerpo humano; la Religión contempla con claridad un castigo de Dios impuesto a los hombres por su mal comportamiento como comunidad. El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York fue visto en las naciones occidentales como un acto terrorista que acabó con miles de vidas, un suceso que lamentar; mientras que el mismo hecho fue visto en países de Medio Oriente como un acto heroico que acabó con muchos seres de mal que afectaban a sus comunidades, un suceso para festejar.
Pareciera ser que el conocimiento científico posee una imparcialidad universal, no así su utilización. Sin embargo el conocimiento social, y más aún el mágico, están influenciados por una visión localista, impuesta y muchas veces milenaria. Por lo tanto, ninguno de estos conocimientos evoluciona al mismo ritmo. Uno se mueve rápidamente y otro con lentitud.
Vale la pena entonces preguntarnos qué hacemos con los grandes descubrimientos de la Humanidad si les aplicamos un código ético o moral. Qué camino tomar para llegar a una mejor convivencia, o al menos, a un mejor entendimiento de la perspectiva del otro, de la pluralidad. ¿Diferentes pensamientos pero mismos derechos? ¿Diferentes ritmos de desarrollo pero las mismas oportunidades? Tal vez para responderle a Mafalda con claridad debamos antes revisar en el interior de cada uno de nosotros.
Emilio Pineda
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